Jueves 31 de enero

Esta mañana Natalia era la que no era puntual a nuestra cita. Podría recriminarle por una vez que había llegado antes que ella. La verdad, es que también había llegado tarde, pero ella eso no lo sabía.
— Más vale tarde que nunca.
— Perdona. Tuve que ir a llevarle el perro a mi hermana. — Dijo con tono suave, que rápido intensificó. — Además, tú siempre llegas tarde.
— Tienes un pelo en la chaqueta. — Dije para cambiar de tema rápidamente.
— Donde hay pelo hay alegría. — Dijo ella con una risa malévola que hizo que le mirase de arriba abajo en señal de desaprobación por el chiste.
— Vamos, anda. Que no llegamos.
— Vísteme despacio que tengo prisa, José.
Durante un buen tramo, evité hablarle, en su lugar, cada poco, le miraba y sonreía esperando a que ella hablase en algún momento, pero consciente de mi artimaña, también seguía en silencio.
— ¿Qué me vas a hablar con refranes todo el día? — Tuve que decir para no alargar el silencio.
— A buen entendedor, pocas palabras son necesarias…— Respondió hábilmente.
— Cría cuervos y te sacarán los oj…
— ¡EH! ¡Yo no soy ningún cuervo! — Dijo Natalia mientras pegaba con rodilla en mi muslo, con la mala suerte de que, en lugar de impactar en el muslo, impacto sobre la zona noble de mi persona. Mi cara tuvo que ser un poema, pues Nati se dio cuenta enseguida de que su disparo no había sido preciso e intentaba consolarme a la vez que se disculpaba. En ese momento solo me salió decir la frase que tenía pensada, con un tono de dolor, que no entraba en mis planes.
— Quién se pica ajos mastica…
Natalia por suerte no lo llegó a entender. Y por ello, cuando me preguntó que había dicho, de nuevo, salí por otro lado:
— Por lo menos este dolor de huevos intencionado ha valido para que dejases los refranes.
Me miró con cara seria, y mientras se acercaba a mí me susurró mientras me acariciaba la cara:
— ¿Quieres que te pille un huevo y diga que más vale pájaro en mano que ciento volando y te enseño lo que es intencionado?

 

Dedicado a Atilano