Sábado 26 de enero
Noche de muchas cenas en ‘O Agro’ con la totalidad de las mesas ocupadas. En una de ellas, LaureanoDJBeiras y un servidor. La cena no tuvo ninguna particularidad más allá de las pantomimas habituales. Fue cuando estábamos con los cafés y los postres, cuando por la puerta entraron dos mujeres, una rubia y una morena, junto a un hombre con un llamativo estado de embriaguez.
Rodeando con la vista a todo el local, llegan a la conclusión de que no hay ni una mesa libre, pero curiosamente, en nuestra mesa, están las tres últimas sillas libres. Tomaron camino rápido hacia nosotros:
Nos podemos sentar aquí a vuestro lado ¿Verdad? — Decía el hombre mientras las dos mujeres tomaban asiento directamente mientras conversaban a su aire.
Al no haber ninguna negativa por nuestra parte, el hombre comenzó a agradecer en varias ocasiones, al igual que se excusaba con que el local estaba lleno de gente y repetidas las veces que dijo algo así como “Chascarraschás” en una especie de celebración. Al momento, sus voces destacaban sobre las nuestras y eso que le ganábamos en número, inevitablemente enterarnos de las conversaciones que mantenían.
— Sí le doy una patada a mi ex… Bueno, le dejo seco en el suelo. — Decía la mujer de pelo negro.
— No merece la pena… ¿Lo matas y qué? — Le contestaba el hombre, cambiando su rostro alcohólico a un rostro serio durante cinco segundos.
— Haces un deporte de contacto federado y podrían quitarte la licencia tía, tus hostias son un arma blanca… — Remataba la mujer Rubia.
No sé cuándo fue el momento en el que dejamos de hablar entre nosotros, pero llegó un momento en el que tanto Laure y Beiras, como DJ y yo, no pudimos evitar reírnos al escuchar que la mujer rubia le decía a MrAlcoholicman:
¡Cómo que somos viejas! ¿Cuántos nos echas?
Y este le respondía:
— Los que tú quieras.
Ante la poca seriedad de su compañero, la mujer morena giró su cuerpo noventa grados y nos pregunta la edad que creemos que tienen ella y su amiga. No sé si fue por la timidez o porque estaban flipando en colores, el caso es que BeirasLaure y DJ me dejaron solo en esta cruzada.
Suelo ser muy malo para estas cosas, pero… — Comenzaba excusándome. — Tú cuarenta. — decía mientras miraba a la rubia. — Y tú sobre treinta y seis o treinta y siete. — Dirigiéndome a la morena. La mujer rubia se reía despampanada, mientras la morena nos sacaba de dudas y decía ella tenía cuarenta y uno y su amiga, treinta y siete. Las caras de mis amigos eran un claro “¿Cómo te metes ahí loco?” y la mía de un “cabrones¿qué voy a hacer?”
La noche fluia para las dos mujeres y su acompañante. Los gintonic también.
Llegará un día en el que las mujeres no necesiten a los hombres! — Dijo la mujer rubia elevando su voz — Bueno, que no necesiten inseminación… — Apostilló.
— Las mujeres también necesitaréis a los hombres por el “gustito”, supongo. — Debatía el hombre, aunque con un pésimo resultado, dado que cada vez que decía algo, las dos mujeres le cortaban a grito de “¡Inseminación, inseminación!” y que la mujer morena remató con:
— Para el gustillo ya tenemos el consolador. Y porque eso no echa esperma, sino ibais finos…
El hombre, pausó su speech y bebió un trago intenso, cuando de repente dijo:
— A ver… Tengo la polla pequeña, pero juguetona y tengo más partes del cuerpo si no llegase, además, eso es un trozo de látex…
¿Abrazarme por la mañana, dices? Yo lo uso a menudo el “lolo”. A veces me lo olvido por la habitación y viene mi hijo y me pregunta “qué es mami” y le tengo que decir que es un juguete de mayores, claro…
Fue entonces cuando la mujer morena, subió la anécdota:
— Yo le tengo robado las pilas al mando de la Play de mi hijo para ponérselos al vibrador.
Se interrumpe la conversación por el movimiento de la gente, pues ya en plena madrugada, comienzan a irse poco a poco. Nuestra intención también era marcharnos, pero en ese momento, la dueña y el dueño del bar, pues se ve que tienen una confianza peculiar con esta gente y se unieron a la alocada conversación. Nos quedamos un rato.
Pues la dueña comenzó a liberarse y a confesar que nunca había utilizado un vibrador, las dos mujeres se sorprendían, el hombre parecía beber celebrándolo y su pareja se mantenía callado. No le gustaban los penes grandes, que ella los había probado y prefería los penes pequeños. Las dos mujeres se reían, el hombre bebía celebrándolo y su pareja seguía callado. Me meto en la ducha o así, me hago un dedete y ya. Las dos mujeres se reían, el hombre bebía celebrándolo y su pareja se fue a recoger una mesa.

Dedicado a ‘La Mari’