Sábado 19 de enero

Faltan seis minutos para las dos de la tarde. He amanecido con la sensación de tener la boca muy seca, aliñada con un dolor de cabeza constante y un malestar general en mi cuerpo. Quizá se trate de un resfriado o algún problema estomacal, espera… ¿No tendrá nada que ver con que anoche pillase una borrachera más grande que el estadio de Balaídos? A quién quiero engañar, tengo una resaca de nivel “si ya saben cómo me pongo para qué me invitan”.
No sé si es la falta de costumbre de salir de fiesta o en aquella discoteca que ni llegué a entrar, simplemente daban garrafón, el caso es, que la mayor parte de lo que me queda de día me lo pasaré tumbado en el sofá, confiando ciegamente en el efecto de un paracetamol, un litro de agua y dos mandarinas con un pequeño regusto a wiski. Es la última vez que mezclo cuando bebo alcohol, digo más, es la última vez que bebo alcohol cuando salgo, es más, es la última vez que salgo… Me arrepiento de haber bebido, aunque soy consciente de que es todo producto de la resaca que ha salido complicada. Espero que pronto se pase esta sensación de ver a mi madre abriéndome las persianas cada vez que intento mirar a la claridad o este dolor de cabeza que tiene la figura de mi padre repitiéndome todo el rato “el cuerpo las hace, el cuerpo las paga”.

Dedicado a mi primo Julián.