Jueves 17 de enero

Esta madrugada, mientras iba en con Alex hacia el trabajo, escuchábamos atentos un programa matinal de esos en los que los locutores en lugar de levantarse, parece que no se han acostado todavía. Una de las colaboradoras preguntaba a los oyentes sobre la parte de la casa en la que más tiempo pasaban. Alex me decía sonriendo:

— Tú, la sala esa donde tienes el ordenador. Seguro…

— ¡Y tú en el baño! — Contesté rápidamente con todo despechado y media sonrisa, a sabiendas que lo que decía era muy correcto.

— ¿A qué tengo razón?

— Siempre metido en mi oficina, como le dice mi madre…

“La oficina” es una habitación totalmente blanca, probablemente la más calurosa en verano y la más fría en invierno, además de tener el mayor porcentaje de humedad de toda la casa. Ella convive un armario librero, una mesa con dos bandejas, una para comer y otra para el postre con ceniceros incluidos, un par de sillas, un escritorio con dos ordenadores y sus sendas pantallas y periféricos, un sofá grande para las noches de ‘mantita y peli’ y uno pequeño para evitar siestas de dos horas y media. Un rincón acogedor y coqueto donde he llegado a pasarme jornadas enteras de diversión, y concentración. Podría decirse que menos mis necesidades fisiológicas (que yo recuerde), en esa habitación he hecho prácticamente de todo.

 

Dedicado a Camila Cabello.