Miércoles 16 de enero

Estoy pasando mucho frío esta semana. No lo digo como dato, lo digo como queja. Quería pasarme el día en el sofá, activar la calefacción y las películas tan divertidas que siempre emiten por estas fechas. Dejarme llevar a la siesta, sabiendo que el sofá cuidará de mí. En su lugar aprovecharé para ir a trabajar y hacer unas tareas pendientes. Acabo de salir de casa y ya necesito un descanso solamente de saber lo que me espera. Será ajetreado en todos los aspectos y el frío no es un buen aliado. De un lado para el otro, mi nivel de fuerzas a media mañana no está pasando por su mejor momento. He desayunado un Cola Cao y una tostada, porque se me olvidó apuntar “Cereales y Campurrianas” en la última lista de la compra. Uniré el almuerzo con la comida para comprimir el día más si cabe.
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He llegado a casa. Estoy molido. Me conformaré con tener ganas de ponerme al ordenador y esbozar unas líneas. Necesito lavar mis zapatos porque he pisado muchos charcos con extraño líquido morado y ahora no sale ni con lejía. Me gustaría sentir la paz en mi interior, como un hippie que vuelve de la lavandería y saluda de manera afectuosa a todos los niños de la comuna porque no sabe realmente cuál de ellos es su hijo y cuál no. Levantar mis piernas en alto, meter los pies en agua con sal o implantarme un exoesqueleto. Me conformaré con descansar un poco, ya que mañana será otro día muy parecido y ahí sí que necesitaré la valentía de un caballero en la batalla, el ingenio de un trotskista en la batalla y la felicidad de un tronista en la zona privada de ‘Pachá’.
Dedicado a Lorna, la que cantaba: “PAPI CHULO, PAPI, PAPI, PAPI, VEN A MÍ”

Dedicado a Pìter El anguila