Jueves 6 de septiembre

No son ni las once de la mañana y ya me aburro. No sé si volveré a repetir esto alguna vez en mi vida, pero creo que echo de menos el trabajo. Sé que “me aburro” es una expresión casi inimaginable en la sociedad en la que vivimos, parece que está mal visto “no hacer nada”. Vivir en la era en la que hay que tener la maleta siempre hecha y la agenda llena de compromisos, no es tan ‘easy’ como parece. Sé lo qué digo. Conozco a gente que se ha aburrido como mucho, dos o tres veces en los últimos quince años…

Es curioso, que no recuerde ningún momento de aburrimiento de niño. También es verdad que con unas pegatinas de mandarina pegadas en las uñas y un bocadillo de Nocilla, me daba para una tarde y parte de la cena. De la adolescencia tampoco tengo muchas situaciones de aburrimiento en la memoria, aunque estoy seguro de que lo combatía como todo adolescente de la época: en la habitación, en el baño o en cualquier sitio acogedor donde pudiese masturbarme.

Cuando empecé a trabajar era la típica persona que trabajaba y me quejaba de lunes a viernes porque no tenía tiempo libre. Llegaba el fin de semana y en lugar de aprovecharlo, me indignaba cada lunes, porque no había hecho nada y sentía que había perdido el fin de semana, haciendo lo que hacía siempre.

Con los años, la situación ha cambiado. He aprendido a racionar mejor el tiempo y he comprendido que aburrirme no es algo que busque con empeño, sino que aparece, sin más. Dando muchas veces, a situaciones realmente entretenidas, pues si no estuviese aburrido no estaría acabando de escribir estas líneas…

Dedicado a Bebeto&Eto’o