Martes 4 de septiembre

Adiós a la playa. Segundo día de libertad provisional, las tormentas se han asentado toda la mañana en la ciudad de Vigo convirtiéndose durante unas horas en las zonas oscuras de ‘Mordor’. Quedan pocos días para volver al trabajo y ayer empecé este “diario”. Es cierto, que me gusta más llamarle “rutinario”, por eso de crear un vínculo más especial entre el formato y el autor que tanto se lleva ahora, además, que ‘diario’ es una palabra que ya no se usa. Le he estado dando vueltas a la movida de escribir cada día, que cualquiera pueda leer lo que escribo (¿Quién te va a leer? Maldito ingenuo), y que la gente pueda pensar que soy un bohemio, un caso perdido, un marujo o que es una idea deliberadamente cursi. Otra palabra que prácticamente tampoco se utiliza. Me apetece escribir, no sé si lo he dicho suficiente, creo que sí. “Hincar los codos” un rato y escribir. De paso terminar con el cupo diario de expresiones viejunas.

(Tres horas después)

Recién comido, no puedo dormir una siesta, porque a unas gaviotas les ha parecido entretenido posarse sobre el tejado del edificio donde vivo a soltar sus chillidos desafinados. Además, para mayor liada, las tormentas han afectado a la conexión de internet y el WIFI se ha ido a por tabaco.

(Tres horas después)

Buenas, y malas noticias. He conseguido dormir la ansiada siesta de media hora que tanto necesitaba. La mala nueva es que he dormido dos horas y media más, y puede que esta noche tenga problemas para conciliar el sueño. El cuento de la lechera no da para más. Pese a perder una tarde, no hemos rodado mal. Sigo con ganas.