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Faltan seis minutos para las dos de la tarde del domingo. He amanecido con la sensación de tener la boca muy seca, aliñada con un dolor de cabeza constante y un malestar general en mi cuerpo. Quizá se trate de un resfriado o algún problema estomacal, seguro que no tiene nada que ver con que la noche anterior saliese de borrachera… A quién quiero engañar, tengo una resaca de nivel “si ya saben cómo me pongo para qué me invitan”.

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No sé si es la falta de costumbre de salir de fiesta o en aquella discoteca simplemente daban garrafón, el caso es, que la mayor parte del día me lo pasé tumbado en el sofá, confiando ciegamente en el efecto de un paracetamol, un litro de agua y dos mandarinas con un pequeño regusto a wiski. “Es la última vez que mezclo cuando bebo alcohol, digo más, es la última vez que bebo alcohol cuando salgo, es más, es la última vez que salgo…” En los propios síntomas de la resaca se encuentra el arrepentimiento, algo que sabe que no es real. La resaca se manifiesta en forma de “ya te lo avisé”, el problema es que avisa cuando ya es demasiado tarde y estoy ya un poco ‘piripi’. Soy consciente de algunas veces, como la mayoría de personas, me contradigo. Cuando el Partido Popular salió reelegido en las urnas, dije que no iba a volver a votar a la izquierda y lo he vuelto a hacer. He dicho que no volvería a comer comida de ninguna cadena de comida rápida y es lo que he desayunado tras volver de fiesta. Incluso he afirmado que el Real Madrid no perdería ningún partido de Liga más tras su primera derrota de la temporada con el Betis, cuando estaba a solamente tres puntos del líder del campeonato, y bueno, ahora solamente están casi a veinte puntos.

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Hoy, a golpe de lunes, la sensación de tener la boca seca y la falta de apetito han desaparecido por completo, pero el dolor de cabeza y el malestar se han acentuado un poco más todavía. Me habla mi cuerpo y me dice: “Compañero. Esto hace diez años no nos ocurría, nos hacemos mayores, de esos que llaman señores”. Por otro lado, mi mente, se empeña en recordar a mi amigo, que con el semblante de un niño lleno de ternura, me convencía para beber “la penúltima”. La verdad es que no sé en qué momento pasé de noche de desenfreno a mañana de ibuprofeno, si ha sido la última, la penúltima o desde la primera copa ya estaba señalado por mi propio destino resacoso.

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He llegado a la frustración y al escarmiento, pero no creo que sea como para decir que es la última vez que salgo, todavía. Eso sí, a partir de ahora intentaré pensar más en el día siguiente, advertiré a mis amigos de que solamente tomaré una cerveza y me iré a casa temprano, y si eso ya no funciona, entre los billetes de la cartera, meteré papeles con mensajes aviso, así cuando vaya a pagar las copas leeré: “Acuérdate de aquel día de borrachera”, “Mantente ebrio. Firmado la resaca”, “Esto no es una boda, controla tu morao” o simplemente “Nunca Máis”.