Otro año comienza, y con él, la incertidumbre de saber si será para el recuerdo o para el olvido, aunque personalmente, comienzo el año con mucha fuerza y entusiasmo, llenándome de palabras de motivación, con infinidad de retos por cumplir para este 2018. Más allá de mantener el equilibrio entre el trabajo y la salud, que no es poco, recuperar los kilos ganados en las fiestas, seguir con los idiomas o intentar que el cactus medio marrón que tengo en la terraza sobreviva un año más son mis propósitos más comunes, aunque la supervivencia de ese cactus, lo veo difícil…

Comenzar el año con buen pie es algo que muchos consideran indispensable. En mi familia, por ejemplo, mi hermana considera innegociable para la suerte en todo el año, no salir en la noche de fin de año sin llevar algo rojo, algo regalado y algo prestado, después de comer a tiempo las doce uvas, por supuesto. Para mi hermano, en cambio, el hecho de de pensar que va a ser un buen año o no, de define más bien, por si lo comienza en el baño haciendo de vientre o no. Mi hermano, que a las 23:55 del 31 de diciembre, mientras esperaba a las uvas con la familia, un amigo (por decirlo así) policía que trabajaba esa noche, le envió un mensaje de su matrícula diciéndole que se lo estaba llevando la grúa, acompañado de un “¡Es broma, feliz año!”. El caso es que, por la masiva entrada y salida de mensajes a esa hora del día y del año, el segundo mensaje se demoró unos minutos, lo que mi hermano tardó en coger las llaves del coche y bajar en el ascensor desde un séptimo piso hasta el portal. Claramente, perdiéndose las uvas, y comenzando así el año con lo que mi hermana entiende como “empezar mal el año”. Menos mal que, al momento de recibir al nuevo año, se metió en el baño a echar un truño para comenzarlo con buen pie…

Hablando de propósitos y cosas escatológicas: ¿Mariano Rajoy qué? En realidad, toda la política podría hacernos un favor y dar un giro, haciendo lo que deberían hacer, política, porque hay que admitir que superar lo hecho hasta ahora, tan difícil tampoco es. Pero enserio, ojalá nuestro presidente, este año se levantase cada mañana e hiciese algo más relevante que leer el MARCA, equivocarse al hablar o andar rápido. Me conformaría con que hablase más de combatir la corrupción, la falta de empleo o la pobreza energética, que de si una comunidad autónoma, digamos Murcia, (por no entrar en debate territorial), debe ser o no un estado independiente. También me gustaría que cada vez que veamos un comentario u opinión de forma diferente a la nuestra, no nos volvamos más locos que el Quijote en un parque eólico, teniendo que expresarlo todo por “el internet” y que profundice la concordia entre quienes se odian a través de los avatares de las redes sociales. Por favor, también que cesen el ‘Clickbait’ y los medios llamados independientes y digitales, que simplemente acaban nutriendo los muros de Facebook de noticias falsas.

Por otro lado, ojalá se pelee contra la precariedad laboral, contra los recortes en sanidad y educación, que continúe la lucha en la búsqueda de derechos e igualdades. Que continúen los éxitos sociales y deportivos y que nunca se pierdan las ganas de crecer, de aprender y de investigar. Que se fomente más la lectura y la escritura, que se fomente más todavía la cultura. Por último pero no menos importante, para mi familia, solamente pido que abunde la salud, el trabajo y el cariño con el que nos enseñaron a querer nuestros predecesores.

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