En la noche de ayer, ya en la calima de mi cama, restaurando la cabeza antes de dormir, mi cerebro, mi cerebelo y mi bulbo raquídeo llegaron a la conclusión de que era un buen momento de pensar en alguien como Martina Klein. Así de capaz y absurdo puedo de llegar a ser a veces.

 “¿Dónde está Martina Klein? Ya no hace anuncios.”

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Es cierto, la argentina ha pasado de aparecer en toda la parrilla publicitaria de la televisión a desaparecer de ella. No sé si es por mi media adicción a los anuncios, pero desde mediados de los años 2000, ya había empezado a clasificar la publicidad en televisión entre: “coches, perfumes, compresas y productos que publicitaba Martina Klein.” Hace unos años, cualquiera podría pillarse unas buenas moñas haciendo un zapeo y “chupito de Jägermeister” cuando vieses algún anuncio de la modelo. Ocurría lo mismo si lo hacías con cada vez que intentaba hacer gracia en El Club del Chiste, pero eso es otro tema.

 

“¿Qué me pasa con Martina? ¿Puede ser que tenga “mono” de droguita MK en forma de anuncio?”

Martina era la viva imagen de la felicidad y la embajadora perfecta de la factoría Nestlé, de la que seguramente aún conserve unos doce chiquillos en adopción y toneladas de barras de chocolate formato familiar. Es la única persona que conozco que ha tenido seis familias a la vez sin ser monarca. Capaz de dar de comer a los zagales por la mañana mientras desayuna y hacer fitness al mismo tiempo, luego irse al gimnasio, beber su Font Vella de dos litros y después una duchita Pantene con un finalizado de Olay Repair, aunque todos sabemos que a Martina no le hace falta. Esto no es todo, pues todavía le da tiempo a pasar por las rebajas de El Corte Inglés y ahí sí, ahí empieza su vida random.

“¿Pero en realidad le queda algún anuncio por hacer a Martina Klein? Bueno, le falta el de la candidiasis, el de Carglass, Vaginesil, poco más…”

La reina de los anuncios, capaz de publicitar un canal sin guiones con un anuncio completamente guionizado, que le pongan con Josef Ajram y Carlos Jean… ¡Y te lo creas! Puede que mañana aparezca en tu casa diciéndote lo bonito que es la vida a través de tu televisor o puede que sea el principio de la libertad para las actrices de publicidad. Quizá este sea el final de un tiempo donde sólo tenía derecho a hacer castings de anuncios la increíble: Martina Klein.

“Pero siendo serio… ¿Dónde cojones está Martina Klein? Y peor… ¿Por qué me importa?”