En la mayoría de lenguas, existen formas directas para concretar que algo nos pertenece.  El castellano no iba a ser menos, pues cuenta con el uso los adjetivos posesivos. Principalmente, uno en primera persona, de dos letras y con una monumental carga de egocentrismo: El posesivo ‘MI’.

Todos lo utilizamos de otras maneras al uso común de posesión. Más allá de cuando es algo físico y objetivo. Cuando algo nos pertenece: Mi lápiz, mi libro, mi Jes-extender, etc. ¿Pero también en una sintonía la cual no nos pertenece?

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Por ejemplo, mi amigo Jaime me decía estos días: “Para el calor, en mi edificio, hemos puesto aire acondicionado y en mi empresa me he llevado un ventilador.” Jaime no tiene ningún edificio. Ni siquiera es propietario. Tampoco tiene una empresa. Ni siquiera tiene acciones de propiedad. Simplemente lleva como empleado casi un año y medio. Lo correcto, es que hubiese dicho en “donde vivo” o “donde trabajo”, pero seamos sensatos, nadie lo dice así. Bueno, salvo aquel funcionario de Valencia, que le llamaba “lugar de trabajo” a un sitio en el que no había estado en los últimos diez años.

En lo geográfico es donde más se resalta el efecto del posesivo ‘mi’. Solemos utilizar las expresiones: “mi pueblo”, “mi barrio”, “mi país”, etc. en lugar de “donde he nacido o donde vivo”, pues no es nada nuestro realmente. Al revés, nosotros seríamos los que formamos parte de esos lugares salvo que seas un conquistador, un fundador o el líder de alguna banda organizada que controle los locales y establecimientos a base de intimidación y violencia.

Cuando se trata de deportes la posesión cambia de estable a inestable, es lo que yo llamo un “ESTAMOS-ESTÁN”. Viene dado por esa gente que animan a su equipo con orgullo cuando gana, pero no quieren saber nada de él cuándo pierde. Manolo, un señor de unos cincuenta años, le encanta ver al Celta de Vigo. A veces, está mirando la pantalla embobado por el procedimiento de su equipo: “Qué bien juega mi Celtiña, eh, que bien estamos jugando” exclama. Otras, Manolo no puede ver a la televisión por el mal juego realizado en el campo: “Están jugando fatal”. Y es que a veces Manolo se siente un auténtico Felipe II, el cual dijo: “Mi armada invencible traerá la gloria del frente norte”, y cuando se hundió informó a sus aliados con un: “La armada invencible ha sido hundida”. LA ARMADA. Nada de “mi armada”, esa flota de cayucos no son míos y tampoco sé de quién…

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Cuando nos tratamos de seres humanos ya somos la pomada máxima: Hemos evolucionado, hemos aprendido a caminar, inventamos millones de cosas y hasta hemos llegado a la Luna… Aunque algunos si pueden individualizar como: Leonardo da Vinci diciendo “son mis ideas”, Messi “son mis goles” o Franco diciendo “son mis pantanos”. Y es que curiosamente, pese a la de cosas que (más o menos) tenemos individualmente, la mayoría no nos pertenezcan únicamente a nosotros mismos, sino que también son tuyas, de ellos y de ellas. SON NUESTRAS.
¡Cuidemos lo de todos!