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L@s amig@s.

Esas personas, animales o cosas, que por fortuna o por desgracia, elegimos para que nos tengan en sus vidas y viceversa. Pues al igual que el verdadero amor, la verdadera amistad debe tener un sólido consenso por ambas partes. Son aquellos con los intercambias secretos y te sientas para no hacer nada y todavía así, te lo pasas genial.

Son los que se ríen de ti mientras te ayudan a levantarte de tu caída en la calle y sus bromas suelen ser tirando a pesadas. Te halagan, pero también te dice las verdades a la cara, aunque duelan. Te harán pasar vergüenza ajena, hasta que te contagiarán y acabas siendo uno más, celebrarán tus logros emborrachándose y cantando contigo “Asturias Patria querida…” Estarán siempre en las malas situaciones, aunque alguna de esas situaciones, también puede ser creada por l@s amig@s.

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Mi primer gran amigo, lo conocí en el colegio con 3 años, pero pese a no ser de los que ponían la uña cuando me ofrecía de su bocadillo, ni ser uno de esos niños asilvestrados que tanto odiaban mis padres, no fue hasta primaria donde fui consciente de lo que era su amistad. Cuando le envié una nota hablando de la chica que me gustaba de clase, la profesora dejó de explicar para dirigirse a mi amigo y decirle: “A ver, dame esa nota que la veamos todos.” Entonces mi amigo hizo lo impensable, comerse el bolo de celulosa y tinta, y así, que nadie se enterase de mi agonía amorosa. Pues se había ganado el galardón de mi mejor amigo.

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Otros de mis amigos, los conocí ya en la adolescencia. Uno de ellos, también con una chica que me gustaba de por medio. Estábamos en un karaoke, y decidido, me subí a cantar la canción de uno de los referentes más ilustres de la música en castellano: King África, con su ‘Best éxito’ la bomba, que para mí era el mejor tema bélico hecho hasta el momento, con el permiso del bombas, bombas qué pasa? de Chimo Bayo, por supuesto. El caso, es que cuando estaba a punto de empezar, vi que entre el público estaba la chica que me gustaba y como que empecé a enmudecer. Mi amigo, que no sé cómo, pero se olía la tostada, cogió un micrófono y se puso a mi lado, comenzando él la canción, y diciéndome: “¡Vamos, canta!” Lo dimos todo. No quería parecer idiota, pero él hizo que a su lado pareciese un idiota menos idiota. He de decir que el deseo por aquella chica duró poco, pero la amistad de idiotas sigue vigente hoy en día y siempre me dice que será el encargado de decirle a mi pareja “¡Cuídalo mucho, eh!” el día de nuestra boda tras su discurso.

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A mis amig@s les cuento las alegrías, pero también las penas y las fantasías más alocadas. Con ellos he compartido cientos de momentos inolvidables, donde he discutido, he debatido, he rebatido, me he enfadado y luego reconciliado para seguir compartiendo cientos de momentos inolvidables. Sin amigos, no hay una anécdota potente. Pues cuando estamos juntos, nos cuidamos las espaldas, nos partimos los riñones y donaríamos parte de nuestros hígados, si llegase el momento. Entre nosotros tenemos un lenguaje propio, con sus chistes internos y por supuesto: Su pertinente grupo de Whatsapp. Los motes son de temporada, pues ya superamos el nivel de llamarle por los clásicos tipo: El Negro, el Chino, el Gordo y el Perchas. Estamos todo el día de coñas y en el momento en el que alguno pone una frase melancólica en Twitter o Facebook, vamos a preguntar qué si pasa algo. Nos puedes ver gritando cuando gana nuestro equipo y tomando un té como si fuésemos auténticos ‘Sirs’.
Por consenso, intentamos que las fotos que se suban a internet nos dejen en buen lugar en la mayoría de lo posible, algo que no siempre se consigue y tu madre acaba viendo fotos de cómo te lo pasabas en tu despedida hacia el ERASMUS, y pensando que si eso lo haces antes de marcharte al otro país, qué no harás en el otro país. Cositas. En definitiva, siempre que tenga una mala situación, estarán ahí mis amig@s, incluso aunque alguna de esas situaciones puedan haber sido creadas por mis propios amig@s.
Me gusta cuidar la amistad con esas personas que no te exigen que cuides tu amistad con ell@s, porque remar, al fin y al cabo, rema cualquiera, el tema está en quedarse cuando el barco se hunde…

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