La envidia es una sensación que sentimos de deseo de algo que los demás tienen o hacen y no está a nuestro alcance próximo. No confundir con los celos, ya que estos son cuando hay una relación afectiva por medio.

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“Es que mi vecino siempre tiene los mejores juguetes del barrio.”

La envidia se conoce desde los vestigios más remotos hasta esta mañana por la mañana. Adán envidió a Eva por comerse el fruto prohibido. Su hijo Caín, tuvo envidia de su hermano Abel porque este era el favorito de Dios. El neandertal envidió mucho a ese ‘Lobo dientes de sable’ que vio por primera vez lamiéndose “sus partes”. El Homo Erectus envidiaba la belleza del Homo Sapiens, así mismo, el Homo Sapiens tenía envidia del motivo por el cual se hacían llamar “Erectus”.

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“¿Por qué tiene que estar él con ella? ¿Por qué no yo?”

El esclavo envidió al amo, el obrero envidió al burgués, el pobre envidió al rico y el rico al poderoso. Un gordo comiendo poco envidiando a muerte a un delgado que come mucho, torpe envidiando a habilidoso y romántico al seductor. Un señor que está frente al ordenador de su casa envidia a otro señor que está frente al ordenador de su casa pero que ha subido una foto de su viaje a Londres a Instagram. Un sándwich mixto envidia a un bocadillo de jamón ibérico y queso manchego. Un Gemelier envidia al otro por tener más de tres mil seguidores más en Twitter. Cada año, algunos niños envidian a sus amigos por ‘Reyes’, bastantes mujeres envidian esa toalla con la que se seca el modelo Andrés Velencoso y TODOS los hombres del mundo envidian al negro del Whatsapp…

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“Aunque la riqueza y la variedad de términos del español es enorme recuerda que la envidia realmente nunca podrá ser sana al igual que la vergüenza nunca podrá ser ajena.”