Jaime es una de esas personas a las que les impone un policía y que no tiene nada que esconder. El caso es que Jaime no está nunca tranquilo cuando se acerca a un arco de seguridad o a un control de tráfico. Prefiere evitarlos, especialmente a las autoridades de la carretera, a los que detecta a varios metros de distancia, no sé si por una especie de sentido arácnido o un trastorno mental al que no se pudo llegar a tiempo, el caso, es que Jaime era capaz de detectar a un ‘uniformado’ a una distancia bastante considerable. Digo ‘era’ porque no estoy seguro de que siga haciéndolo.

Tras un tiempo sin saber nada de mi amigo, recibí su llamada. Había visto en ‘Wallapop’ que en un pueblo cerca de la frontera con Portugal, vendían una “Pérgola Elegance, con su estructura de acero, tejido en poliéster blanco y no sé cuántos detalles más…” y tras ver mi cara de perplejidad, lo intentó con una comparación: “¡Igual que la que revientan siempre al concejal este de ‘La que se avecina’!” Pese a no acabar de entenderlo, accedí a acompañarle.

El trayecto, la estancia y la adquisición fueron impecables. Sobre todo cuando el vendedor nos invitó a jamón, queso y ‘vino nuevo’. Los problemas llegaron cuando nos dispusimos a meter todo en la furgoneta. Aquello era tan grande que poniéndolo en la posición que fuese siempre se salían una, dos, o todas las piezas alargadas de la estructura. “Es casi de noche, no creo que pase nada… ¡Pues habrá que ir así!” Nos montamos en el coche y comenzamos el camino de vuelta. Para evitar problemas, Jaime, había programado una ruta en el GPS diecinueve kilómetros más larga que por la que habíamos venido. No en vano, mi amigo sabía que también tendría que estar alerta: “Tú si ves algo amarillo fluorescente, avísame.” A lo que respondí con un gesto de afirmación.

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Notaba la tensión que Jaime le da al momento en el que se siente delinquiendo. A lo lejos dos sombras amarillas. ¿Qué es la guardia civil? No, simplemente eran dos ‘runners’ con sus camisetas fosforitas y sus mochilas reflectoras en la espalda. “Menos mal”, dijo Jaime. Un par de kilómetros después volvimos a ver unas siluetas amarillas, esta vez eran más de dos, eran unos siete u ocho. ¿Qué es la guardia civil? No, simplemente eran unas señoras que habían salido a hacer una caminata nocturna, que “ahora les obligan a llevar esta mierda de chaleco reflectante para pasear y me cagan todo.” Proseguimos, con los momentos más tensos de Jaime al volante. No se fiaba de nada que brillase. Cuando ya había desconfiado de unos ciclistas, unos motoristas, unos recogedores de setas y un tío al que su madre le compraba la ropa en ‘DESIGUAL’, nos encontrábamos en una recta bastante larga por el medio de unos montes y al fondo había un reflejo amarillo fosforito que se acentuaba cuanto más nos acercábamos y unas pequeñas luces azules. “Ahí están, por ahí no podemos ir que me empluman.” Tomamos una ruta que no indicaba el GPS, pero nos tranquilizamos cuando este acabo retomando una nueva ruta. Después de un buen rato atravesando parques forestales llegamos a una especie de ermita donde había un coche y no nos quedaba más remedio que pasar por al lado para dar la vuelta, entonces al pasar justo al lado salieron 2 hombres del coche y dijeron algo así como “¡Quieto ahí! ¡Polisa!¡Polisa!” Resultó ser una patrulla de ¡Garda Nacional portuguesa el cual nos preguntó qué pasaba. Cómo íbamos así, etc. Después de explicar que nos habíamos perdido, el policía luso le puso una multa a Jaime y de paso nos explicó el camino de vuelta. Ya en él, volvimos al punto fatídico “Ahí están todavía, pero no nos queda otra que ir por ahí si no nos vamos a perder otra vez…” dijo Jaime. Y así íbamos, directos a nuestro destino, habíamos cometido una falta un error y lo íbamos a asumir… Ya encima del reflejo fluorescente y las luces pude leer “CON LA MARAVILLOSA ACTUACIÓN DE LA MUJER SERPIENTE” Sí, habíamos hecho toda aquella locura y ‘comido’ una multa por culpa de un CARTEL DE UN CIRCO y unas luces de un prostíbulo cercano que se reflejaban en una parada de autobús. A Jaime no le preocupó ningún policía más en el camino y únicamente pudimos reír de vuelta a casa.

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