arriba.jpg

Hasta hace poco, la gente nacida entre los sesenta y los setenta, se las daba de jovenzuela y vigorosa, diciendo siempre lo bonito que ha sido vivir los años ochenta, y acaban diciendo: “Es que nosotros jugábamos con juguetes de verdad, escuchábamos la mejor música en los Walkman, hemos visto La Bola de Cristal y la muerte de Chanquete.” Pues muy bien. Hablando de muerte… ¿Alguien empieza a oler a abuelete por aquí y se le está acabando eso de ser guay? ¿Quizá toca ir empezando a dejar de ensalzar tiempos pasados y pensar en el futuro, relajándote un poco y buscando el seguro de vida que vas a pagar durante los próximos años?

Sergey_Brin_Ted_2010.jpg
Para esta gente, a los de mi generación siempre nos han dicho que nos falta algo: como un cenicero que únicamente adorna una mesa, como un Sálvame Deluxe sin Mila Ximénez o un andaluz sin el arte o el duende. “Ya nada es como antes.” Pues claro que no. Ya no vamos echando las heces en un cubo y luego la tiramos por la ventana, ni tampoco te van retando a un duelo a muerte cada vez que tropiezas con alguien por la calle. “Los tiempos cambian”, decía. Pero desde que he conocido que la palabra que nos define es ‘Millennial’, me he ahorrado más de una discusión con los defensores de ‘lo viejuno’.

zakarburgh
Los Millennials somos la primera generación que ha crecido con internet a nivel usuario, con las redes sociales y los primeros youtubers. En España, más de ocho millones. Una generación con una ‘metralla’ continua de información que podemos saber quién es María Teresa Campos y Aless Gibaja a la vez, aunque con tanta información acabamos viendo a Maria Teresa por la calle, y le decimos: “¡Hola Bebé!”
Una generación en la que el amor no está en los bares, en las plazas o en el autobús de viajes largos. Llevamos el amor en una aplicación. Y el sexo, en una ‘App’ también. Si ya no viajamos en autobús, tenemos Blablacar, y si nos sale psicópata, hacemos un directo de Instagram y venga likes. En lo que seducir se ha convertido en un masivo envío de selfie en muchas posturas y pocos ropajes. Pues entre esto y los hípsteres hemos conseguido que la ropa de vagabundo esté a la moda. También somos inmunes a los anuncios de internet, incluso a los que dicen “Maduritas sexys en tu zona” o “Haz tu pene más grande”, somos “perros viejos”, pero jóvenes. Pues sabemos la existencia de las `Fotopollas`, que pese a ser una práctica millennial, hoy en día, la acaban practicando hasta los yayos. (Por cierto, esto es sólo para quién ya sabe: STOP FOTOPOLLAS, Parad cabrones. Al menos no de gratis. NO POLLAS FOR FREE)

5983a29643178.r_1501810498643.0-80-558-449.png
Los millennials no somos nadie sin nuestro móvil. No llamamos al timbre o al porterillos, directamente enviamos un mensaje de Whatsapp. Aunque tengamos una pantalla de 80 pulgadas en el salón, nada está a la altura de ir al baño y ver un capítulo de nuestra serie favorita en el Huawei P8 lite y de paso hago la compra, comento algo en Twitter y miro como van los fichajes en Comunio; y a tirar de la cisterna. ¿Qué es eso de juntar a toda la familia para ver la televisión en amor y compañía?¿Qué somos animales? Los millennials no necesitamos comer, necesitamos señal WIFI.
La jerga inglesa millennial ha calado. Ya se ven a menudo, expresiones como “WTF, lol o XD” e incluso le hemos dado un significado a “Troll” más allá de los monstruos que habitaban en la tierra de David el Gnomo. La última serie que hemos visto también nos influye bastante, por eso no es raro ver a gente diciendo: “Soy el rey en el norte” “Dracarys” o “Hiweputa, malparío, gonorrea.”

zakarburgh.jpg
Si a los Millennials nos definen como la generación malcriada que quiere cambiar al mundo. Se nos conoce como egocéntricos, listos y preparados que crecieron bajo el paraguas de la prosperidad económica, que se preparen los de la generación Z, porque algún día llegaremos a ancianos, y porque yo en mis tiempos…