La revolución es enorme. “Todo ha salido genial.” Comentan en el grupo de Whatsapp familiar. Ha nacido un bebé. Subo la primera foto junto a su madre a las redes. Ya forma parte de internet. “Qué bonito es el niño. Tiene la boca de su padre y la nariz y orejitas de su madre.” Es el primer comentario que recibirá el chiquillo en Facebook. Para el bebé, pues sus padres ya han recibido multitudes, en forma de “babyconsejos” y dardos en las fotos de las ecografías: “Esto es lo mejor que os pasará en la vida”, “ahora que sois padres entenderéis lo que cuesta tener un hijo” “Yo de vosotros no le compraba ropa hasta el año y medio porque crecen muy rápido y se les queda todo pequeño.” o “Se os acabó la vida buena.”

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En mi visita, me ha cuadrado que el bebé dará su primer paseo. Me acerco al zagal. Es pequeñito, mucho. Parece un ‘muñero reborn’. Estoy contento. Pues me he acercado y no sólo no ha llorado, sino que se ha agarrado a mi dedo y me ha parecido verle sonreír. Mientras admiro a la nueva belleza de la Madre Natura, una señora se acerca. Es una “Señora Curiosa”, de las auténticas. Tras la mirada de cortesía no puede evitar comenzar con una pregunta curiosa: “¿Cuánto ha pesado?” exclama. Tras obtener su información, no queda contenta del todo. “¿Y llora mucho?” Pregunta señora curiosa, que asiente con la cabeza cuando le dicen sus padres que no saben aún cómo es el llanto del niño. “Entonces… ¿Duerme bien?”. Parece que todavía no es suficiente información para señora curiosa. El niño bosteza. “Eso es que tiene hambre, sueño o que quizá se ha cagado.” Señora Curiosa, es además visionaria. Tenemos el pack completo. “¿Le vas a dar el pecho o biberón?” Pregunta Señora Curiosa se acerca al carrito. “¡Hola bonita! ¡Qué pasa bonita! ¿Cómo te llamas bonita?” Le ha cambiado la cara cuando le dijeron que se llama Brais.

Mi séptimo sobrino, en la séptima luna. Eso no tengo ni idea de si significa algo, pero estoy seguro que con él, tanto el resto de la familia como un servidor nos lo pasaremos genial.