Este fin de semana una señora aparecía opinando en La Sexta en pleno World Pride, su rechazo al colectivo LGTBI. Aquí la susodicha.

 

Por supuesto que una vez más, un estereotipo prefabricado por parte de la señora y su necesidad de formar parte de una sociedad concreta, hace que el rechazo aparezca sin tiempo a tener un por qué. Algo de lo que el colectivo. al que ella llama despectivamente ‘maricones’, ya está a años luz por encima, año tras año, dando lecciones a detractores y cavernícolas. Y es que, seguramente, a algún que otro colectivo le vendría bien ser un poco ‘maricón’.

El rechazo viene cuando quiere y con la persona que quiere. Como el pequeño de seis hermanos, he recibido cantidades gigantescas de “¡Vete de aquí enano!”, aunque nada en comparación con aquel “¿Cómo te llamabas?” de la chica que me gustaba tras un verano entero sin vernos, cual mujer rubia del diario de Patricia, mientras estaba con sus nuevas amigas… El caso, es que todos sufrimos rechazos en lo personal, lo profesional, en el amor e incluso algunos hasta a la lactosa o al gluten.

 

Siempre que me he ido de un lugar, un trabajo, un grupo y sobretodo, de la vida de alguien, por un tiempo he tenido eso que los gallegos entendemos como “morriña”, pero cuando me han echado de algún sitio, he tenido la sensación de que ese rechazo era una resta en mi vida, y la morriña es más lo que en el sur entienden por “bajona”; salvo cuando los porteros me sacan de la discoteca, que ahí tienen razón o cuando me echaron de la Tuna, que ahí estaba pasando una mala racha y que me echasen fue sumar en mi vida… ¡Sumar mucho!

DDvonifWAAASOrV.jpg

 

Siempre me he preguntado qué ha existido antes, el concepto de amor o acto del odio, pero estoy seguro de que el primer rechazo con muerte fue a alguien que utilizaba eso de: “Ha dicho no pero eso es un sí.” Puede incluso que no sea un rechazo sobre querer estar o no en nuestra compañía, puede incluso rechazar alguna proposición nuestra dentro de una relación, quién sabe. Lo único que puedo decir es que, cuando estoy mal porque me han echado de algún sitio, pienso en el hombre expulsado por guapo de Arabia Saudí y cuando me encuentro desesperado o que no puedo más, pienso en el tío que fue rechazado por 5000 mujeres en Facebook y todavía no se ha rendido, ¿por qué lo voy a hacer yo? Consolarse nunca está de más.
“¡Yo no rechazo nada, y a mí nadie me rechaza! ¡Me va todo bien y nunca me dijeron que no!”

(Nadie) Nunca.