Martes trece. Hasta hace poco, no era muy frecuente ver que se abarquen temas paranormales en los medios o la prensa, pero de un tiempo para aquí, la irrupción de programas y espacios televisivos e internet han hecho que todo lo relacionado con lo paranormal estén muy presentes en nuestros días, que junto a todo lo que se habla de empresas fantasmas han hecho que hoy me interesase por escribir sobre lo paranormal.

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Lo paranormal no es alguien que coma mucho y no engorde, un gitano sin primos, que se te enreden los auriculares sin utilizarlos, aprobar con buena nota estudiando el día antes, ponerte una linterna en la cara para contar una historia de miedo, pensar que Iker Jiménez sin pelo y Julio Maldonado ‘Maldini’ sean la misma persona o decir que en caso de ver un fantasma le pegarías una “hostia”.

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Lo paranormal es el ocultismo, que el televisor se encienda solo todos los días, las leyendas, los orfanatos, internados o cementerios…  Donde después de cada análisis utilizarás palabras como: inquietante, abominable, apocalíptico, tenebroso o enigmático. Una mezcla así entre el propio Iker Jiménez y el presentador de informativos Pedro Piqueras. Espíritus de la gente que ha muerto en extrañas circunstancias (siempre hay alguien que murió ‘allí’ cuando se trata de espíritus) que se presentan sin piernas, con una imagen difuminada o en forma del humo negro de ‘Perdidos’. Sectas satánicas que adoran a algún animal mitológico, alguna persona con dotes de mesías o una fe ciega en los ‘Transformers’. Archivos desclasificados que nos muestran luces en el cielo, objetos volantes no identificados (OVNIS) en los montes aparcados o bases militares en medio de la nada, con unos focos muy grandes, como para llamar a ‘Batman’. Y nazis. Todo es (jodidamente) más misterioso si están por el medio los fanáticos alemanes. Un amigo, un perro o una novia no tienen nada de especial, pero si hablamos de un amigo nazi, un perro nazi o una novia nazi, empieza a tomar tintes de intriga y ocultismos, también nazis por supuesto.

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En el ámbito personal, desde pequeño me han llamado la atención todo tipo de efectos paranormales, fantasmas o muertos vivientes, pero lo más cerca que he estado de un acto paranormal y de un muerto fue aquella vez que con doce o trece años fuimos al cementerio de mi pueblo y únicamente vimos a una pareja ‘follando’.

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