Miércoles por la mañana. Hace varios días que no se me ocurre ningún tema plausible sobre el cual exponer algo plausible. No es que me pusiese el teclado del ordenador a 100 metros de distancia, sino que para construir el texto tenía que dejar un poco de lado esa imagen de insatisfacción que tanto nos gusta a los que amamos lo representativo, y centrarme en mi deseo sobre ser creativo.

Me sentía un Beethoven sin su sordera, un Picasso sin sus problemas mentales, un Van Gogh con dos orejas. No estaba al cien por cien. Ni siquiera al setenta y cinco por ciento. Tenía ganas, pero no tenía idea de cómo hacerlo, como si de un adolescente virgen con ganas de meterla en algún lugar húmedo se tratase. Entendí en ese momento a George Bush J.R. cuando su profesora le quita las ‘Plastidecor’ mientras piensa qué dibujar para que no se las coma. Muchas ceras tuvo que comer, cuando le dio por pintar a José María Aznar…

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Seguía buscando el deseo de que mi creatividad fluyese, tenía que hacer surgir la inspiración. Se me habían acabado los estupefacientes y el dinero ya no me llegaba para pagar a alguien que tuviese ideas por mí. Debía adquirir sensaciones nuevas. Nutrirme de ellas. Por ello, me dirigí a la calle. Normalmente, cuanto más creativa es una persona menos sociable es, a mí personalmente, me gusta hablar con la gente para tener diferentes puntos de vista e intercambiar impresiones.

Me senté en un banco, al lado de un señor de esos que ya no sabes su edad dado a que su “chasis” dificulta la tarea de echarle años. Me habló de los inventos y las creaciones:

“Las creaciones, van de la mano para avanzar como especie. Ya los que inventaban cuchillos y hachas en la primigenio, prosperaban. Estamos destinados a inventar cosas para evolucionar, para sobrevivir. La rueda, la bombilla o el teléfono son ejemplos similares a esos cuchillos, lo que pasa que vinieron a posteriori. Con el tiempo, la pintura, la escritura, la arquitectura y la magia se han vuelto tan necesarias en nuestra sociedad como lo fueron aquellos cuchillos y hachas en la época prehistórica. El problema es que con el tiempo, se inventó la posición de la cucharita, la habitación para las visitas o la creencia en Dios, y ahora nos estamos yendo a la mierda.”

Sólo pude compartir con él mis impresiones y darle un enorme “¡GRACIAS!” Pues ya tenía una nueva entrada que escribir…

 

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