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Hace unas semanas que he asistido al MARCO (Museo de arte contemporánea) de Vigo y he de decir que no entiendo nada de este mundo del arte actual. No entiendo ni a los artistas modernos, ni sus obras y lo que menos, los precios de estas. Ya había asistido en dos ocasiones anteriores al museo. En la primera visita, siendo niño, únicamente recuerdo una obra en la que la artista estaba desnuda y encerrada en una urna no sé cuántas horas sin moverse. Recuerdo que me llamaba mucho la atención pero no entiendo muy bien si por la obra en sí o por ser una de las primeras mujeres desnudas que vi en mi vida. De la segunda visita, ya adolescente, no recuerdo apenas nada… Lo único, una exposición de unos carteles con mensajes variados y aleatorios que exponían amontonado pero más que por el museo, porque la gente hubo una época en la que los utilizaba para sus fotos de perfil de Facebook.

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¿En esta tercera visita todo fue diferente? ¿Las dos veces anteriores era un pobre ‘chiquillo’ que no entendía las sensaciones y los sentimientos que se esconden en el arte moderno? ¿Conseguí entender más? LOS COJONES. Lo único que entendí de todo el museo era un cartel que ponía “Entrada gratuita”, (por cierto, un detalle muy a tener en cuenta frente a otros museos), pero del resto ni los títulos de las obras. Incluso iba con una amiga entendida en arte y que podría explicarme mejor las “historias”.

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Lo primero que vimos fue una exposición de cuadros y esculturas que no entendía muy bien pero que tampoco me disgustaban, incluso alguna me quedaría bien como centro de mesa de mi salón. Siguiendo, vimos una exposición con cementos, arcillas, tubos y canalones. ¡Y es que es ARTE artesanal! Vamos, todo el arte artesanal que puede hacer un encofrador también os dice… A continuación, la materia noble de la siguiente obra era la madera. Piezas de marcos de cuadros, listones, palés y tablas coloreadas. Al pasar el de seguridad le pregunté si él entendía algo de aquello y me dijo: “Lo siento, yo estoy aquí para andar no para…” No para explicar aquella MIERDA quería decir con sus ojos, pero como le pagaban por eso siguió su camino. Era ARTE.

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En la última parte de la visita, empezó lo más loco. Actuaciones, relatos y equilibrio combinadas con pinturas de un arte que sabe dibujar bien pero que prefiere hacerlo peor que mi sobrino de cinco años sería un buen resumen. Una chica colgando, otra que narraba e incluso uno que casi ‘amocha’ por unos escalones. Todo parte del espectáculo. De hecho, creo que si alguien sacase un palo y empezase a romper todo no solamente pensarían todos que es parte del espectáculo sino que incluso aplaudirían) Y es que es ARTE.

Casi al final de la exposición, me fijé que el de seguridad tenía un auricular puesto en la oreja. Cuando también me di cuenta de que tenía un intercomunicador, llegué a una conclusión, por ello me acerqué a él y le toqué en el hombro. Me reconoció y me dijo: “Ya le dije que no sabía nada de esto”. A lo que yo esbocé una sonrisa, y le pregunté: “¿Cómo va el Madrid?”

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