Seguramente, no sea del todo cierto eso de que una ardilla cruzaría España entera saltando de corrupto en corrupto, pero si bebiésemos un chupito de ‘Jäger’ por cada persona imputada por un caso de corrupción que conocemos, probablemente acabaríamos haciendo un “¡Si ya saben cómo me pongo, pa’qué me invitan!” Y es que la corrupción funciona de una forma muy similar al alcohol. Cuando más nos exponemos a ella, mejor aguantamos su existencia y con ello empieza el problema, instaurándose el pensamiento: “Si no lo hago yo, lo va a hacer otro.”

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Ser corrupto no es algo nuevo. En la antigua Sumeria o en Egipto ya se datan hechos de robo por corruptela, pues hay existencia de unos protopolíticos que inflaban presupuestos para beneficio propio. Aunque podría decirse que en España ya se ha convertido una moda retro que ha calado. Una moda un ‘poquito’ cara. Los corruptos roban, como Felipe González gobernaba el PSOE hasta ayer, desde las sombras. Quién pensaría que la campana de Bankia no sonaría tan fuerte como las de la catedral de Oviedo sino más bien acabaría sonando como la campanilla de las propinas de un bar de carretera. Si le tiras del bolso a una señora en la calle, probablemente, la gente no se lo tome bien. Por otro lugar, cuando un banquero le decía a esa misma anciana que firmase un papel y quitarles todo el dinero, es su ‘movida’… Ya no es necesaria la sutileza manual del carterista o la violencia de un atracador de bancos; pues los corruptos no son como los ladrones habituales, esto es más para un empresario, un ministro, un tesorero o un jugador de balonmano bien situado. Se puede hacer en familia o con los amigos del partido. Atrás quedan esas golosinas que comías sin que el quiosquero se diese cuenta, esas toallas que te llevas de los hoteles o el material de la oficina. Si te haces corrupto, lo mínimo a lo que se aspira es a un pelotazo inmobiliario. Ya bien, dar una concesión a la empresa de tu cuñado ‘a dedo’ o comprar un monumento sobrevalorado para acabar en la rotonda de algún polígono industrial, eso sí… ¡A celebrarlo siempre con un volquete de putas!

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Yo no sé si realmente los corruptos roban porque son cleptómanos o nunca les han apartado un momento y les han dicho: “Robar es delito. Robar es malo. ¡Caca!” Quizá hurtan en venganza de los que los ‘canis’ de la época, que les quitaban cien pesetas en la salida de los guateques para tomarse un brandi. Dejándoles una sensación de protocorruptos que les llevó a pensar: “Algún día yo seré el Soberano”. Y claro, a robar se ha dicho. No lo sé.

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Pero lo que sí sé es, que la mayoría de los corruptos, pese a ser ladrones al igual que ‘el Dione’, ‘el Lute’, ‘el Torete’ o ‘el Vaquilla’, van siempre impecablemente vestidos y casi todos se consideran atractiv@s. Demostrando que al igual que no hay que ser pobre ni rico para robar, tampoco hay que ser feo o guapo. ¿No veis que si robar fuese sólo de feos, la infanta imputada habría sido la otra?

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