Otra temporada de fútbol que finaliza, aunque parezca que acaba de empezar, por la cantidad de partidos de pretemporada que ya han publicitado en televisión. Es que da igual que seas futbolero o no, tarde o temprano verás fútbol. No hace mucho, en una revista de estas que se leen en la taza del váter o en la sala de espera del dentista decía que desde el 5 de enero al 17 de diciembre hay posibilidades de ver al menos un partido al día. ¡Todos sabemos que nadie puede aguantar un año entero viendo todos los días fútbol salvo Julio Maldonado “Maldini”!

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El fútbol. El deporte rey. Va a empezar el teatro donde en los próximos noventa minutos el mundo se parará y las emociones se concentrarán en el campo (desde los años noventa también algunos antes de empezar tiran rollos de papel de baño al campo o hacen tonterías para salir en “El día después”). Miles de personas de todas las edades  se coordinan para elogiar la carrera de un defensa que corre hacía un balón que se veía a leguas que se perdería por la banda, acordándose de la madre de un delantero que ha fallado un gol a puerta vacía y acorralando al árbitro, porque el árbitro tiene siempre la culpa de todo, del hambre en África, las guerras y del efecto invernadero. Es todo o nada. Es Celta o Depor. Betis o Sevilla. Madrid o Barça. “Yo quiero que empaten” ¡NO SE PUEDE QUERER ESO! Extremismo.

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Los jugadores tienen la fama de no ser muy listos pese a que se concentran a menudo. Eso sí, en hoteles de cinco estrellas. Le gustan los locales con nombres orientales (Pachá, Buda, etc.) Con peinados entre lo extravagante y lo ‘poligonero’. Su mayor deseo es  ganar “los tres puntos” en cada partido y celebrar los títulos en plazas (si tiene una fuente mejor). Los brasileños son los mejores por tener cinco copas mundiales pero suelen durar poco al más alto nivel. Cuando los entendidos (los del bar) hablan de fútbol todos llegan siempre a la misma conclusión: “Es que los brasileños son así. Fiesteros.”

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En fin, el fútbol, el deporte que juegas desde la época en la que no vale de “trallón” y rige la ley de la botella (¡quién la tira va a por ella!), ese deporte por el cual Rafa Guerrero se hizo linier (para verlo gratis supongo), que nos ha dado momentos de gloria como en el mundial ganado por la selección, y no me refiero al gol de Iniesta, sino cuando la reina Sofía bajó al vestuario y pilló a Puyol con una toalla en plan “comando”…

 

AUPA EL CELTA!