Esta mañana, mientras desayunaba, no podía quitarme la imagen de Guidetti fallando el remate de cabeza en el último minuto de partido. El de Wass, también podría haber entrado, o alguno de los tiros de Pione que estuvieron cerca de los palos. Hay noches en las que las cosas no salen, o salen mal, como ya pasó en Mendizorroza. Una batalla perdida únicamente sirve para regresar con más fuerza. Pues somos una especie de ave fénix que resurge de sus cenizas desde el descenso a segunda división. Un fénix acorralado por una ley concursal, que no le quedó más remedio que tirar por la cantera, pero fénix al fin y al cabo.

Cierto es, que el Celta en Europa siempre se ha comportado. En su anterior andadura Benfica, Liverpool, Milan o la Juventus fueron testigos directos de ello. Pero ayer le compitió al Manchester United del mismísimo Mourinho. ¡Y con cuatro canteranos! No está nada mal. Es un mérito de esta plantilla. De las plantillas de los últimos años. Lo que ha marcado la diferencia entre la dos ‘eurogeneraciones’ es LA CANTERA. Eliminando al Atlético de Madrid el año pasado y en este al Real Madrid en cuartos de final de la Copa del Rey. Los grandes de la Capital. Marcándole cuatro goles al ‘Barça de Messi’ durante dos temporadas seguidas. Cierto que no son épicas europeas y demás, pero creo que este Real Madrid, Atlético y Barcelona actuales, no parecen nada malos tampoco ¿verdad?, y ahí estuvo el equipo, con Hugo de capitán y Aspas al timón del equipo.

 

Todo aquel que sea aficionado al fútbol (y no sea del Depor de la Coru-neno), te admitirá que la historia le debe un título al Celta, pero en este período de cinco años ha conseguido algo incluso mejor que eso, que es un respeto y una comunión enorme con la afición. Muy lejos estamos ya de aquel inolvidable partido donde nos jugábamos el descenso a segunda B con el Alavés, un rival directo. Perdiendo un partido en el que no llegaban a estar ni ocho mil espectadores en el campo y los niños de Vigo solamente querían ser como Messi y Cristiano. Fue en ese partido cuando Eusebio Sacristán, sacó a un chaval de Moaña. “Este es el hermano de Jonathan Aspas” Murmuraba la gente en la grada. Tras ver el movimiento de sus brazos mientras realizaba su juego asemejaba al movimiento de un pulpo al moverse por una zona de obstáculos. Ese día marcó dos goles y se ganó el respeto de toda la afición, y mi admiración. Hoy ‘el pulpo’ es el máximo goleador del primer equipo y hay niños de Vigo que quieren ser como un moañés, un  tal Iago Aspas.
Lo sabe el celtismo, que no duda de sus jugadores, no importa la derrota, importa cómo se pierde y el Celta se dejó todo en el campo para intentar seguir soñando. Llevando el nombre de Vigo y los colores de Galicia por todo el mundo.

Para lo bueno y para lo malo es un orgullo ser del Real Club Celta de Vigo.