Muchos creen en la felicidad sin dinero. Que si disfrutas de las pequeñas cosas que nos da la vida puedes competir con un mundo sumido en riquezas materiales. Yo creo en el dinero. Porque a simple vista compruebo lo que somos capaces de hacer por él. Problemas de faltas de efectivo, deudas, herencias, etc. ¿Debería llamarse búsqueda de la felicidad o inversión para tener felicidad?

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A veces me pregunto. ¿Sería capaz de vivir como una especie de “vegano enamorado” teniendo la parte de ‘salud y amor’ y dejar a un lado la parte del “cash”? ¿Entonces el dinero puede dar la felicidad pero también quitarla? La verdad es que no conozco a nadie que viva como en las sociedades primitivas con métodos que se basen por y para el beneficio del conjunto. Las tierras, los animales, los objetos e incluso las personas tienen un precio.

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Quién no ha pensado que por una módica cantidad no se acostaría con la persona más repugnante o qué nivel de locuras haría por dinero. Simplemente variando el baremo, por ejemplo, yo por tres euros cincuenta hago lo que quieras, que me faltan comprar un paquete de tabaco…

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El dinero me hace sentir un ‘gourmet’ a principio del mes y al final saca de mí ese “niño” que llevo dentro, y que únicamente se puede permitir un ‘Mc Menú Infantil’. El dinero es una droga, por ellos las abuelas lo esconden entre sus pechos y luego lo envuelven en papel de aluminio, que después, distribuyen entre sus nietos. Es una tentación, y es que pueden darte ganas de robar dinero. Aunque muchos han conseguido que la verdadera tentación a evitar sea la de “no robar”. El dinero puede hacerte ladrón de dos maneras, una robando un banco y otra desde un trabajo retribuido y comandando países, sí, hablo de los políticos, aunque la gente a la que más se le llame ladrón siga siendo a los árbitros de fútbol…

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