Sabor a nicotina y Red Label con cola. Dolor de cabeza y sed. El estómago revuelto del kebab de la noche anterior, sabes que no te sienta bien, pero lo comes. Suenan las diez. En la alfombra primero un pie y luego otro pie. Te levantas no sabiendo si vienes o si vas, si al caminar te vas a tropezar.

Zumo de naranja con pensamientos, olor a café con sentimientos y sorbos de café en soledad. Ganas de fumar.  Metanol, histamina y acetaldehído, restos del alcohol acompañan tu malestar. Fantasmas en la mente que agitan el saco de los problemas mientras tu cuerpo se estremecen para cagar. Intentas comer con el estómago colapsado.

No quieres quejarte de oreja en oreja. Te escondes en tu sofá y tu cabeza se enfrenta a un día de solo pensar. Buscas respuestas y encuentras miedos y preguntas, piensas que ya nada te divierte, que tus problemas te van a dominar.

Buscas olvidar en tu lista de contactos. Vas camino de la trinchera con corazón de plomo mientras la tentación borra la razón. Actúas como un payaso por un poco de calor.

Besos de cemento de corazones estropeados.  Piel con piel empieza la función. Labio con labio, mano con mano, tu piel bajo su piel, refugiados, entrelazados, abrazados, su respiración en tus pulmones, su calor, sentir latir su corazón. Follar.

Las endorfinas actúan como ilusiones de amor. Igual que en los teatros se cierra el telón. Solo quedan cenizas y dos desconocidos. Dos besos y un hasta luego. Una sensación de fugaz bienestar que se tornará en vacío y una botella medio llena de soledad.

El sol se pone para comenzar un nuevo día. Con él se van lamentos e ilusiones, aspiraciones y tensiones. Amanece y el ayer no existe.

Zumo de naranja con obligaciones, olor a café y trabajo, sorbos apurados de café para llegar puntual. Obligaciones y costumbres acompañan tu rutina y tus manías. Familia y amigos para respirar y benditos momentos para estar en soledad. No existe el ayer, no eres la misma persona. O sí.